Este blog, dedicado al comentario y la crítica de libros, quiere ser tanto un pequeño aporte en el desarrollo de la afición a la lectura como una especie de foro en el que las visitas intercambien opiniones entre sí y con el blogger acerca de las obras expuestas.

sábado, 23 de abril de 2016

Tres veces al amanecer, de Alessandro Baricco


Tres veces al amanecer
Trad:  Xavier González Rovira
Editorial Anagrama
Barcelona, 2013

Al llegar a la página 161 de la edición española de Anagrama del año 2012 de Mr Gwyn, de A. Baricco, podremos leer:
“…
-¿Te acuerdas de qué libro es?, preguntó.
-Sí, se titula Tres veces al amanecer. Un buen libro. Breve.”
Un poco más adelante sabremos que el pretendido autor de ese libro es un hindú llamado Akash Narayan.
Aquel libro, inventado en la trama de Mr Gwyn, lo escribió Baricco más tarde. Y es éste que aquí comento y que comienza con la siguiente dedicatoria: A Catalina de Médicis y al maestro de Camden Town.  El lector no sabrá que Catalina de Médicis es una bombilla que parece una lágrima escapada de una araña de luces y el maestro de Camden Town su fabricante, a no ser que haya leído Mr Gwyn. Ni cómo dicha dedicatoria llevará a Rebecca (uno de los personajes de Mr Gwyn) a descubrimientos y constatación de sospechas importantes que no revelé al comentar Mr Gwyn ni revelaré ahora. Al leer este libro Rebecca comenta: “Tres veces al amanecer estaba dividida en tres partes y la primera era muy parecida a uno de los retratos de Jasper Gwyn”. Efectivamente. Eso es básicamente el relato. O los relatos, pues de tres se trata aunque sean variaciones sobre un mismo tema que, fácilmente conjugadas e interpretadas, constituyen una sola historia. Magistral. El “más difícil todavía” circense parece ser uno de los lemas de este autor italiano que no deja de sorprendernos una vez tras otra a lo largo de sus narraciones. Y sin truco, sin “trampa ni cartón”. Una baraja formada por tres sencillos elementos, una mujer, un hombre, el escenario de un hotel, diferentes edades y circunstancias. Y la magia del oficio, el humor y el sentido poético. Aunque la verdad es que el taumaturgo, sin poder traicionar su condición, se guarda una carta en la manga. Desliza, al iniciar Tres veces al amanecer, una pequeña mentira por omisión: “En la última novela que escribí -dice Baricco-, Mr Gwyn, se alude, en un momento dado, a un breve libro escrito por un angloindio, Akash Narayan, titulado Tres veces al amanecer. Se trata naturalmente de un libro imaginario…”. Es verdad. Pero no es toda la verdad. Si desvelase toda la verdad, el novelista se cargaría una de las sorpresas más sabrosas. Así que, con ese escamoteo, que algunos escritores puristas calificarían de deshonesto o, al menos, de poco ortodoxo, desaparece en una nube fugaz que explota en el escenario dando paso a la acción que surge entre su bruma. Una acción que, si bien puede abordarse por sí sola e independientemente de su matriz, Mr Gwyn, como ya advierte Baricco al introducir el libro, también es cierto que adquiere matices y brillos diferentes al conjugarse con la novela que fue su origen, a la que a su vez aporta insólitas luces.
La primera historia narra el encuentro de un hombre de edad madura con una mujer que “Ya no era muy joven, pero esto le sentaba bien, como sucede a veces a las mujeres que no han tenido nunca dudas sobre su belleza”. Tras su final, pasmoso e imprevisto, la segunda historia trata de una descarada y tal vez dulce e indefensa adolescente y un portero de noche, de edad provecta y existencia triste y desgraciada, que la ayuda a escapar de un joven maltratador y violento. En la tercera, y última, una mujer policía de cincuenta y seis años lleva a un niño de trece, que acaba de sufrir una terrible tragedia, desde el mismo sórdido hotel de los otros relatos hasta una casa al lado del mar. En las tres ocasiones la acción trascurre al amanecer y los personajes son los mismos personajes, sólo que sometidos a diferentes posibilidades. Multiplicidad y unidad se confunden y el tiempo juega a distorsionarse mientras Baricco ahonda, como siempre, belleza y arte mediantes, en distintos aspectos de la condición humana: estulticia, sabiduría, desgracia, soledad, amor, solidaridad, cobardía, valor…