Este blog, dedicado al comentario y la crítica de libros, quiere ser tanto un pequeño aporte en el desarrollo de la afición a la lectura como una especie de foro en el que las visitas intercambien opiniones entre sí y con el blogger acerca de las obras expuestas.

lunes, 11 de abril de 2016

Leviatán, de Paul Auster


Leviatán
Trad: Maribel de Juan
Editorial Anagrama
Barcelona, 2001

Un espacio-tiempo cotidiano, que podría llegar a ser anodino de otra forma, deviene delirante en función del orden y la interrelación entre sus elementos. Y es que hasta lo más alucinante no consiste sino en una reordenación de lo que, a fuerza de ser percibido deja de sorprendernos. Así es desde los más antiguos mitos. ¿Qué es el unicornio sino un vulgar caballo con un cuerno en la frente? Si le ponemos alas, será Pegaso. Ese es uno de los ingredientes mágicos que se utilizan en las artes, en la literatura entre otras, ya sean de tipo fantástico o no. Pues no se trata sino de activar la percepción poética (o estética) en el receptor. Esta técnica no es ajena al enganche del lector en esta novela de Auster, junto a la habilidad para mantener la tensión del suspense. Con estos mimbres y dejándose guiar por una concatenación de acontecimientos que no dejan de recordarnos, con sus consecuencias, a la Teoría del Caos, se lleva a cabo, más en profundidad aunque disfrazado de ameno thriller, un (discutible o no) análisis de la realidad, las relaciones humanas y el conflicto existencial.
El relato consigue, sin duda y a pesar de algunas partes en las que puede resultar un tanto farragoso, entretenernos y atraparnos. Además de, ya queda dicho, por su generosa dosis de intriga, por el magistral dominio de la trama y sus otros elementos y, muy especialmente, por la riqueza de matices y el carácter insólito y complejo de los personajes, ajenos a los valores convencionales.
El argumento central no es, en principio, nada enrevesado. Son sus sucesivas ramificaciones las que nos van conduciendo por una selva de contrastes, coincidencias que parecen mágicas, aparentes sinsentidos… hasta depositarnos en un final que, en honor a la verdad, resulta flojo a tenor de la traca final que durante todo el desarrollo se viene insinuando de forma implícita.
El comienzo de la narración nos informa, en un tono de gacetilla, de la muerte de un hombre que se produce mientras, según todos los indicios, manipulaba una bomba. Otro hombre, escritor, identifica, por datos que deduce de lo que lee en el periódico y de lo que sabe, a la víctima. Se trata de un amigo suyo desaparecido. Consciente de que los medios oficiales darán una versión distorsionada de los hechos, decide escribirlo antes de que la policía llegue a conclusiones y a verdades que no lo son.
Paul Auster juega, a través de diferentes guiños, a hacer creer al lector que está leyendo una novela de fondo autobiográfico. ¿O no es un juego y verdaderamente detrás de toda la historia está la vida del autor? Sea como sea, no es el único elemento lúdico del texto, empapado de este componente; lo que, teniendo en cuenta su dimensión trágica, puede acabar produciéndonos la impresión de quien recibe el regalo más macabro que se nos pueda ocurrir envuelto en un alegre papel de colores.