Este blog, dedicado al comentario y la crítica de libros, quiere ser tanto un pequeño aporte en el desarrollo de la afición a la lectura como una especie de foro en el que las visitas intercambien opiniones entre sí y con el blogger acerca de las obras expuestas.

lunes, 2 de diciembre de 2013

La luna y seis peniques, de W. Somerset Maugham


La luna y seis peniques
Trad: J. Romero de Tejeda
Editorial Época
México, 1976

La lectura de este libro, sobre volver a ponernos en contacto con el siempre magnífico autor de “El filo de la navaja”, tiene el plus de ser una novela (más que una biografía novelada)  basada en la fascinante vida del pintor francés Paul Gauguin. Qué elementos sean reales y cuáles no resulta indiferente si nuestro interés se centra en el narrador inglés. Con mimbres tomados del artista plástico postimpresionista, del París de fines del siglo XIX, de las islas de los Mares del Sur (a dónde tuvo ocasión de viajar) y de su imaginación, Somerset Maugham teje esta novela que muy bien puede interesar prescindiendo de su trasfondo biográfico. Narra las fatigas y peripecias de un hombre que, ya pasados los cuarenta años, renuncia a una acomodada vida burguesa para lanzarse al incierto camino de la realización artística. El relato, conflicto existencial del hombre forzado a elegir entre realidad e ideal y enfrentado a todas las conveniencias sociales y al paradigma moral de su entorno, adoptando con frecuencia actitudes que no dejan de repugnar a cualquier persona sensata, incluyendo al mismo narrador, es lo suficientemente interesante por sí mismo, insisto. Pero, por momentos, el personaje se aleja del verdadero perfil del artista en el que se inspira. No ya porque el héroe del relato sea inglés y su modelo francés, que es lo de menos; ni porque la ruptura y el alejamiento del pintor real de su familia no fuesen tan radicales y definitivos como los de su trasunto literario, sino porque, por ejemplo, el Gauguin inculto y casi cerril que nos deja entrever Maugham no tiene nada que ver con la realidad, a la luz, sin ir más lejos, de la misma escritura del artista francés. Por tanto, si lo que busca el lector es informarse sobre la vida de Paul Gauguin (que, por cierto, no se llama así en la novela sino Carlos Strickland), no le vendrá mal esta obrita. Pero no será sino un complemento ameno de otras biografías con vocación de tales y, también, inexcusablemente, de los textos del mismo pintor, muchos de ellos recogidos en “Escritos de un salvaje” .