Este blog, dedicado al comentario y la crítica de libros, quiere ser tanto un pequeño aporte en el desarrollo de la afición a la lectura como una especie de foro en el que las visitas intercambien opiniones entre sí y con el blogger acerca de las obras expuestas.

miércoles, 28 de enero de 2015

La habitación cerrada, de Paul Auster


La habitación cerrada
Trad: Maribel de Juan
Editorial Anagrama
Barcelona, 1997

Hay libros que podríamos calificar de entretenidos sin más, otros de sesudos o complejos, difíciles formal y/o conceptualmente. Muchos entran en la categoría de auténticos bodrios por más éxito comercial que tengan. Sólo una pequeña parte de las obras que han caído en mis manos merecen, a mi juicio, el adjetivo de fascinantes. La que en esta ocasión me ocupa pertenece a este último grupo.
Se trata de “La habitación cerrada”, última novela de “La trilogía de Nueva York”, precedida por “Ciudad de cristal” y “Fantasmas”, textos a los que alude el narrador en esta tercera, en guiño intertextual que no es el único.
El relato, que podría ser incluido dentro del género que se ha dado en llamar “thriller”, no es solamente eso. Ahonda en la dimensión ontológica del ser humano y metaforiza brillantemente sobre su identidad.
A pesar de que está dividido en nueve breves capítulos (esta edición tiene 143 páginas), podría decirse que lo conforman tres partes claramente diferenciadas: Una primera parte que viene a ser una historia de iniciación de la infancia a la adolescencia, una segunda parte en la que uno de los personajes convierte a su amigo, dado por muerto, en famoso escritor y una tercera, llena de pasajes alucinantes, casi oníricos, enloquecidos a veces, que consiste en una persecución detectivesca. No daré más detalles porque la narración lleva al lector de sorpresa en sorpresa y está llena de giros inesperados que destriparía si describiese más pormenorizadamente la trama.
Solo afirmaré que, sin duda alguna, es una novela de inexcusable lectura, que enganchará desde el principio a quien la aborde y le dejará la necesidad (como ha sido mi caso) de leer los otros dos tomos de la trilogía, así como el resto de la obra de Auster.