Este blog, dedicado al comentario y la crítica de libros, quiere ser tanto un pequeño aporte en el desarrollo de la afición a la lectura como una especie de foro en el que las visitas intercambien opiniones entre sí y con el blogger acerca de las obras expuestas.

sábado, 9 de febrero de 2013


















LA SAGA/FUGA DE J.B.
Gonzalo Torrente Ballester
Ed. Círculo de Lectores
Barcelona, 1974


Castroforte del Baralla, misteriosa ciudad gallega, no viene en los mapas. Oficialmente no existe. Desaparece levitando cuando todos sus habitantes se concentran en un mismo temor o preocupación. En ella se aloja el Santo Cuerpo, que llegó por mar un día muy lejano en circunstancias poco menos que milagrosas. La población está dividida en godos y autóctonos, siempre enfrentados. Y casi toda la acción pivota en torno a una extraña y despiporrante tertulia, La Tabla Redonda, cuyos miembros toman los nombres de los personajes del Ciclo Artúrico. José Bastida, profesor de patética figura, es uno de ellos y, aunque involuntariamente, también un J.B. de los destinados a salvar y liberar a Castroforte. Es, asimismo, el narrador de la historia que se teje con estos mimbres.
“La Saga/Fuga de J.B.” es, sin duda, una de las mejores novelas españolas contemporáneas. Aunque no sea de fácil léctura, su discurso inteligente, a veces complicado por no decir farragoso, en el que alternan y a veces se mezclan humor (surrealista) y lirismo, reserva a aquel que se decida a recorrerla, momentos inolvidables.
El espíritu lúdico está presente en todo el libro. Por ejemplo, con personajes históricos a los que se introduce en la trama, como el filósofo Pedro Abelardo, de cuya peripecia vital se ofrece una versión pintoresca y  de cuya castración se hace un relato chusco por momentos. “¡Los güevos no, el ojo bizco!”, se cuenta que gritaba. Pero también con el lenguaje se juega. Y, rizando el rizo, resulta que el idioma inventado por José Bastida no es inventado por Torrente Ballester. Se llama “Trampitán” y ya se lo ingenió un escritor gallego, Juan de la Coba y Gómez. Con lo que los textos aparecidos en esta lengua en la novela son susceptibles de traducción, tarea que no sé si habrá acometido algún doctorando o lector especialmente aplicado o curioso.
Aunque hay cosas discutibles, pero perdonables dado el tono del relato, como la visión que ofrece de los cátaros, por ejemplo, lo cierto es que mezcla la guasa surrealista con datos completamente serios, como la explicación del celibato de los clérigos como “Táctica política de la Iglesia, bastante relacionada con las leyes de la herencia”. Es decir, para que los bienes de los curas fueran siempre, a la postre, de la Iglesia y no de los hijos de los sacerdotes
No se olvida el autor de sacar a colación a sus compañeros de oficio. Una serie de escritores son homenajeados con su presencia en la novela: Unamuno, Wenceslao Fernández Flores, Camilo José Cela, Don Ramón del Valle Inclán… A Julio Caro Baroja se refiere como Julio Cora Borraja.
También la llamada intertextualidad está presente: intercala  trozos/fragmentos/ frases/ líneas de “La vida es sueño” de Calderón, de “Coplas por la muerte de su padre” de J. Manrique, de “El libro de buen amor” del Arcipreste de Hita, de la Rima XXXVIII de Bécquer, de “El estudiante de Salamanca” de José de Espronceda, una alusión al “Cementerio marino” de Valery e, incluso, hacia el final, el comienzo de las “Catilinarias” de Cicerón traducido al trampitán.
Y, como no podía ser menos, el lector enterado atisbará rastros autobiográficos en el texto. Jesualdo Bendaña, profesor en EEUU, que representa el principio de realidad e intenta acabar con toda la delirante historia de Castroforte del Baralla. O el soldado de la batalla de Brunete (al revés).
En el tercer y último capítulo, narrado en clave onírica, José Bastida viaja a través de los otros JB en un proceso que un psiquiatra definiría como delirio esquizofrénico y un místico como anulación de la ilusión de separatidad e identificación de la multiplicidad de seres en la unidad. Tal vez sea el capítulo más interesante. En este se introduce un párrafo largo de carácter metanovelístico: dos personajes hablan del mismo proceso de construcción de la novela en la que están inmersos y discuten sus aciertos y errores, señalando incluso fuentes de algún episodio, como la novela “Los invasores”, de Francisco Suárez García.
En definitiva, una novela experimental de inexcusable lectura para los lectores inteligentes.